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26/11/2020
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Columnistas invitados/Guest columnists

La dignidad encarnada en el barrio de San Isidro

El nuevo desafío al régimen surge del arresto de uno de los más jóvenes y recientes adherentes al Movimiento San Isidro: el músico Denis Solís

Los sucesos de días recientes me han hecho rememorar los años ochenta del pasado siglo, en que comencé a actuar en abierta discrepancia con el castrismo. En aquella época y los lustros siguientes, cuando el tiempo —“el implacable”— aún no me había forzado a entrar en los predios de lo que suele denominarse con el eufemismo “Tercera Edad”, todavía podía realizar actividades más adecuadas para la juventud o la madurez.

Recuerdo, en particular, las reuniones que realizaba con mis tres hermanos de La Patria es de Todos, cuando aún se encontraba en vida el profesor Félix Bonne Carcassés. Imposible olvidar la conferencia de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil—el más concurrido encuentro de opositores y disidentes realizado en Cuba—, la cual tuvo lugar en mayo de 2005, precisamente en el patio del que entonces era el domicilio del brillante profesor titular, expulsado de su universidad en castigo a su postura vertical.

Mientras se desarrollaba la conferencia de dos días, ignorábamos los preparativos hechos por el régimen para aplastar el desafío. Una escuela ubicada a menos de 200 metros de la casa fue transformada en cuartel. Allí, al igual que en el cercano aeropuerto, se habían instalado batallones de represores que, para actuar, sólo aguardaban la orden proveniente de arriba. Felizmente, el único que podía darla —el dictador—decidió a última hora pecar por defecto, y la histórica reunión pudo tener lugar.

Algo parecido sucede ahora con el valiente reto planteado por el Movimiento San Isidro, que ha alcanzado, con toda justicia, los primeros planos de la actualidad informativa. Según Diario de Cuba, “dos camiones de tropas especiales antimotines se han acantonado cerca de la sede” del referido grupo, en la zona antigua de la capital de la Isla. Entonces nada ha cambiado, sólo que, como el número de los opositores es menor, también es más reducida la cantidad de represores acuartelados.

Pero no quedan ahí las similitudes, con lo cual se pone en evidencia la nula creatividad de los castristas: En Río Verde, enviaron un carro fumigador, que lanzó sus productos nocivos contra los centenares de congregados en la antigua casa de Bonne. En La Habana Vieja, introdujeron un líquido que se supone venenoso y poseía un intenso olor nauseabundo.

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Facing Up to the China Threat

[Text adapted from a speech delivered on September 29, 2020,
in Rapid City, South Dakota, at a Hillsdale College National Leadership Seminar.] 

We are at risk of losing a war today because too few of us know that we are engaged with an enemy, the Chinese Communist Party (CCP), that means to destroy us. The forces of globalism that have dominated our government (until recently) and our media for the better part of half a century have blinded too many Americans to the threat we face. If we do not wake up to the danger soon, we will find ourselves helpless.

That is a worst-case scenario. I do not think we Americans will let that happen. But the forces arrayed against us are many. We need to understand what we are up against and what steps must be taken to ensure our victory.

Our modern understanding of Communist China begins during the Cold War, with President Nixon’s strategic belief that China could serve as a counterweight to the Soviet Union. This belief seemed to carry with it two great benefits. First, the U.S. wouldn’t have to take on the Soviet Union by itself: Communist China was a populous country that bordered the Soviet Union and shared our interest, or so we thought, in checking its global ambitions. Second, by engaging with China—especially in terms of trade, but also by helping it develop technologically—we would help to end communism as a guiding force in China. This second notion might be called the China dream: economic liberalism would lead to political liberalism, and China’s communist dictatorship would fade away.

At the end of the Cold War, pursuing the China dream appeared a safe course of action, given that the U.S. was then the world’s preeminent military power. The 9/11 Islamic terrorist attacks reinforced the notion that superpower conflict was a thing of the past—that our major enemy was now radical Islam, widely diffused but centered in the Middle East. Later that same year, China was granted “Most Favored Nation” trading status and membership in the World Trade Organization. Little changed when the Bush administration gave way to the Obama administration. The latter’s “pivot to Asia” was mostly rhetorical—a justification to degrade our military capabilities vis-à-vis China, integrate even further the U.S. and Chinese economies, and prioritize the Middle East above all else.

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Hugo Grocio

Hugo Grocio junto con el español Francisco de Vitoria
uno de los padres del derecho internacional.

Huigh van GrootHuigh van Groot, conocido en idioma español como Hugo Grocio nació en Delft, cerca de Rotterdam, Holanda, el 10 de abril de 1583.

A los 8 años componía versos latinos y desde muy joven se distinguió por sus estudios de las lenguas y literaturas clásicas conforme al espíritu del Renacimiento.

Jurista, embajador, escritor y poeta. Después de Erasmo de Rotterdam el mayor humanista de los Países Bajos. Tuvo influencias intelectuales greco-latinas de Aristóteles y Cicerón, pero también del francés Jean Bodin.

De religión era devoto del Arminianismo, fundado por Jacobo Arminio en la Holanda del siglo XVII como una variante de cristianismo evangélico con discrepancias respecto del calvinismo.

En 1594 a los 11 años empezó sus estudios de Derecho en la universidad de Leiden en Holanda dónde se graduó en 1598. En Orleans, Francia se doctoró en Jurisprudencia y estudió Filosofía y además aprobó los cursos de Astrología, Matemáticas y Teología.

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Pese a las pugnas, es preferible votar en democracia

Por desgracia, los pueblos e individuos sometidos a regímenes de fuerza, no tienen la opción de escoger a sus líderes.

Ejercitamos uno de nuestros derechos fundamentales. Votamos por quien quisimos, por las razones, motivos y simpatía que cada uno de nosotros, en uso de su libérrimo derecho, determinó. 

Hicimos caso a la advertencia de Konrad Adenauer, quien fuera canciller de la República Federal Alemana, cuando dijo que “la política era demasiado importante para dejársela a los políticos”. Como ciudadanos dimos fe de nuestro compromiso con la democracia al recurrir a la guillotina electoral que llaman voto, para determinar quiénes conducirán los destinos del país. 

La campaña terminó. Las confrontaciones entre las partes, así esperamos, llegaron a su final. La crispación de oír constantemente comentarios negativos de unos u otros aspirantes llegó a una conclusión feliz para los ganadores y para los derrotados, a un paréntesis de reflexión que les permite tomar un nuevo impulso para enfrentar los retos por venir. 

Sin embargo, los más beneficiados somos los electores que sin participar directamente en el debate cívico nos vemos agobiados por estridencias y diatribas que, aunque molestas, son preferibles a vivir en un país donde un jerarca y sus esbirros disponen caprichosamente de nuestra existencia, opina Enrique Ruano.  

En ocasiones las campañas electorales entran a nuestras casas sin pedir permiso y nos envuelven en su aquelarre sin que importe nuestra opinión. No faltan quienes asumen posiciones extremas en defensa de su candidato, olvidando que pueden estar discutiendo con un familiar o amigo con un alto significado en su vida y que no tienen derecho a descalificarlo por no compartir su punto de vista. Aunque tengamos la certeza, siempre acompañada con una buena dosis de subjetividad, de que nuestro interlocutor está cometiendo suicidio y hasta  impulsando a terceros a consumarlo, debemos ser respetuosos de las diferencias y no denostar de quien piensa en contrario. 

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Recuperar la agricultura en Cuba: Un plan incierto

La comercialización y el monopolio estatal de Acopio han estado entre las causas fundamentales de la desaparición de los productos agropecuarios en Cuba.

La augurada flexibilidad de la agricultura―aún controlada― finalmente comienza a desvelarse, tras el anuncio de un decreto y sus normas complementarias, un sistema de protección al consumidor y otro para informar los precios centralizados o por acuerdo entre los productores y las autoridades locales. 

Podrán realizar la comercialización minorista de productos agropecuarios las empresas estatales, las cooperativas agropecuarias y no agropecuarias, los propietarios de tierras, los vendedores minoristas de productos agropecuarios y los trabajadores por cuenta propia con licencia para vender productos agropecuarios en forma ambulatoria (carretilleros). 

Por supuesto, será prioridad del Estado velar por el uso de la tierra, y jugar el papel regulador y de control de la producción, la contratación, el establecimiento de las prioridades de los destinos, los balances de los productos, el control de los precios y la comercialización en condiciones excepcionales, recalcó el ministro de la Agricultura, según los medios oficiales.

Durante su reciente reunión, el Consejo de Ministros abordó las políticas de Seguros y Reaseguros, y Comercialización de los Productos Agropecuarios, según reportaron los medios estatales el 6 de noviembre. Previamente el vicepremier Alejandro Gil y el ministro de la Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, explicaron la flexibilización para “dar respuesta a las opiniones de los productores y la población sobre las trabas que estorban la producción, el acopio y la comercialización”, en el programa Mesa Redonda.

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